Esta noche, la luna se aprecia de una forma extraña. Algo en el ambiente la perturba, una brisa enrarecida la desestabiliza y pierde esa calma que caracteriza a aquellos que se han asegurado la eternidad. Ella, que siempre tan radiante nos acompaña hasta que llega una nueva alborada, guarda un secreto que sólo conoce un joven aprendiz de sabio que anhela durante el día la llegada de la noche para poder conversar con ella en la clandestinidad. Ese secreto compartido se grita con fuerza, pero en silencio; se observa de madrugada, pero al abrigo de los bares más inhóspitos… Un secreto que, al igual que la locura, nadie entenderá, pero que sin él, la luna y el joven aprendiz de sabio perderían una razón para seguir viviendo.El joven aprendiz de sabio ha venido a verme después de su encuentro con la luna. “Ha sido una noche arriesgada”, me dice, “incomparable a otras tantas”, pero los nervios le impedían mostrarse tan natural como otras veces. Estaba algo inquieto: el secreto estaba en peligro. Ella estaba con esa sonrisa que embriaga incluso al trovador más desolado. Él, más dócil que en otras ocasiones, sentía por ella más amor que por cualquier otra persona en este mundo. El encuentro ha sido fugaz, efímero, pero lo que en la realidad ha sido escaso, en el corazón del joven aprendiz de sabio se ha quedado guardado para siempre. Y, por lo que me comenta, está dispuesto a acompañar a su luna hasta la eternidad…
D.S.M.
D.S.M.