Ya se acerca la hora, las canciones del ayer despertarán en mi interior como la savia que aviva el resurgir de una flor. Es el momento de disfrutar de tus ojos, de que el brillo natural de tu oscuro cabello obnubile mis razonamientos, de que tus labios hagan que la locura de la pasión se apodere de mis sentidos. Volvemos a estar en la soledad de nuestro mundo, magnético, siempre secreto, apartados de una realidad que jamás nos cautivará. Siempre leales al sinsentido, cabalgamos atados a unos sueños que aún están por escribir, rumbo a rincones donde los cobardes no se atreven ni a pronunciar sus nombres, donde las historias de ultratumba y sus protagonistas reniegan de sus oradores.
Ya suenan las serenatas del amanecer y a nuestro mundo, tan peculiar como nuestra historia, sólo lo humedece el perfume de tu cuerpo. Es la esencia de la pureza de tu alma lo que impide que las canciones puedan explicar lo insólito de nuestro acercamiento. Cada pequeño suspiro está impregnado del aroma del pecado y del recuerdo de cuando nuestras noches ardieron en el deseo. Ya puedo ver tu reflejo en el horizonte de mi locura, se ha acabado para siempre nuestra cordura, ya no tiene sentido abandonar esta aventura…

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