Hubo un tiempo en el que la gente basaba su vida en los frutos que desprendía la tierra, en el denominado Estado de Naturaleza. Más tarde, al ver que se iba difundiendo uno de los mayores cánceres de la existencia humana, la corrupción, se creó un Estado para proteger a las personas. Estos Estados, a su vez, en lugar de apoyar a los ciudadanos, se fanfarronearon e hicieron de la corrupción su modo de vida, lo que traerá consigo el fin de la existencia de todos los Estados democráticos del planeta. Y este fin, que justifica todos los medios para lograr la riqueza del capitalismo moderno, está acabando con lo poco que quedaba del Estado de Naturaleza y está confirmando la destrucción de la pureza del ser humano.
El planeta reventará, los humanos se inmolarán, la lluvia ácida envenenará los restos y las almas cogerán el testigo de la humanidad. Habrá, al igual que ciudadanos, muchos tipos de almas: almas lúgubres, vacías, almas ilustrativas, almas escépticas, utópicas, las que sueñan, las que no duran, almas que regresan, otras que se van, almas repletas de vida, almas inhóspitas, las que sonríen, las que se hunden con el más mínimo contratiempo, las que nunca lloran, las que nunca se dan por vencidas, las que ni siquiera intentan cumplir sus sueños, las conformistas, las que jamás se rinden... Y las almas sabias, que contarán la leyenda de ese espíritu que abandonó su hábitat para lograr su mayor objetivo: conseguir rociar su cuerpo etéreo con la bendición de la eternidad… Quizás allí, en algún lugar entre el cielo y el infierno, pueda haber un sitio para los que huyen de la degeneración del sistema, de la depravación de la sociedad y del libertinaje de los poderosos.
El planeta reventará, los humanos se inmolarán, la lluvia ácida envenenará los restos y las almas cogerán el testigo de la humanidad. Habrá, al igual que ciudadanos, muchos tipos de almas: almas lúgubres, vacías, almas ilustrativas, almas escépticas, utópicas, las que sueñan, las que no duran, almas que regresan, otras que se van, almas repletas de vida, almas inhóspitas, las que sonríen, las que se hunden con el más mínimo contratiempo, las que nunca lloran, las que nunca se dan por vencidas, las que ni siquiera intentan cumplir sus sueños, las conformistas, las que jamás se rinden... Y las almas sabias, que contarán la leyenda de ese espíritu que abandonó su hábitat para lograr su mayor objetivo: conseguir rociar su cuerpo etéreo con la bendición de la eternidad… Quizás allí, en algún lugar entre el cielo y el infierno, pueda haber un sitio para los que huyen de la degeneración del sistema, de la depravación de la sociedad y del libertinaje de los poderosos.
D.S.M.

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